La modelo

Me dijo que terminamos. Hace dos semanas. Ya no somos nada, pero seguimos besándonos en mi taller. Mientras yo ando preocupado por terminar ese lienzo de mi modelo favorita.
Me he quedado absorto en el celeste de la piel que le puse al cuadro. Lo importante es terminar este óleo que me tiene esclavo las noches de tres semanas. Había empezado con una capa gris solo para acentuar los volúmenes. Luego sienas, naranjas y amarillos. De nuevo grises y celestes. Cada sesión sufre camaleónicas metamorfosis.
Me preguntó si estoy enamorado del cuadro. O de la modelo. Cada vez que tomo los pinceles para dar los últimos detalles le hago cambios completos. “Así nunca vas a acabar nada. Cuando al fin piensas que ya está terminado, o no te gusta o crees que puede ser mejor o diferente; y lo vuelves nada”. Reniega cuando ve que estoy por terminar un lienzo y con la mirada puesta en cada espacio de color y forma amenazo con cambiarlo todo. “Toma otro lienzo y pinta otro cuadro”, sentencia.
Mi modelo favorita solo vino por una sesión, para este cuadro. Esa tarde, cansada se sentó a mi lado.
- ¿Como haces para pintarme?.
- Te observo.
- ¿Solo eso?
- Solo me interesa la forma de tu cuerpo y no me he detenido a imaginarnos haciendo el amor. Veo los volúmenes, color, luces y he escudriñado con la mirada todos tus espacios como cuando pinto un cielo gris fundido con el paisaje.
- ¿En serio?
- En serio.
Me encontró, una vez más, dándole volumen a los senos desnudos de mi cuadro.
No terminó de entrar y tiró la puerta. “Quédate con tu modelo”.